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En general, cuando se habla de alimentación saludable puede haber una gran disparidad de ideas, ya sea por las costumbres de donde vivas, ideas o el bombardeo de información que hace la industria alimentaria, lo que puede dificultar tener claro si un alimento me conviene o si es lo más óptimo en mi situación actual. Normalmente, cuando se hacen comparaciones habituales y claras no suele haber problema, si se preguntase si un tomate fresco es más saludable que un dónut, la respuesta general sería que sí. Pero siempre es necesario ir más allá.

Para facilitar elecciones positivas para la salud las organizaciones que se encargan de investigación y promoción de la salud hacen recomendaciones sencillas que puedan ser comprendidas y puestas en práctica por la población general.

Habréis visto o escuchado recomendaciones que hablan de incrementar el consumo de vegetales, disminuir el consumo de azúcares, grasas saturadas y trans, aumentar la actividad física y un largo etcétera. Todo esto surge de investigaciones que permiten obtener conclusiones sobre el consumo de determinados alimentos o el fomento de determinados hábitos en relación con la salud.

En España podemos ver los objetivos nutricionales para la población española desarrollados por la EFSA, FAO/OMS y la SENC (2011), donde se hacen recomendaciones básicas como cantidades máximas de azúcares simples (preferible < 5% de las calorías diarias), consumo de fibra (> 14g/1000 kcal), consumo de frutas (> 400g/día), consumo verduras y hortalizas (>300g/día), entre muchas otras. Las recomendaciones tienen el objetivo de optimizar la salud de la población general y prevenir enfermedades no transmisibles (enf. cardiovascular, cáncer, diabetes tipo II, hipertensión, dislipemias…).

Se ha visto una contribución directa entre el consumo de alimentos ultraprocesados y enfermedades crónicas no transmisibles. Con el consumo de estos productos se aumenta la ingesta calórica, azúcares simples, grasas totales, grasas saturadas y trans, sodio y se disminuye el consumo de otros alimentos beneficiosos como los vegetales y frutas.

El consumo de vegetales y frutas se asocia con una disminución del riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer y mortalidad por cualquier causa. La reducción de los riesgos se hace más pronunciada cuanto más abarcan estos alimentos en nuestra dieta.

Las estimaciones de la OMS son que en 2017, 3,9 millones de muertes se atribuyeron a un consumo reducido de vegetales y frutas.

Por todo lo que hemos comentado, una de las recomendaciones más básicas para la población general y la salud pública es incrementar el consumo de alimentos vegetales integrales.

Si quieres aprender a manejar tu alimentación, optimizar tu salud y  mejorar tu  composición corporal puedes contactarnos, estamos encantados de poder ayudarte.

REFERENCIAS

Rauber, F., da Costa Louzada, M., Steele, E., Millett, C., Monteiro, C. and Levy, R., 2018. Ultra-Processed Food Consumption and Chronic Non-Communicable Diseases-Related Dietary Nutrient Profile in the UK (2008–2014). Nutrients, 10(5), p.587.

Aune, D., Giovannucci, E., Boffetta, P., Fadnes, L., Keum, N., Norat, T., Greenwood, D., Riboli, E., Vatten, L. and Tonstad, S., 2017. Fruit and vegetable intake and the risk of cardiovascular disease, total cancer and all-cause mortality—a systematic review and dose-response meta-analysis of prospective studies. International Journal of Epidemiology, 46(3), pp.1029-1056.

https://www.who.int/elena/titles/fruit_vegetables_ncds/en/

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La pandemia provocada por el Covid-19 nos ha llevado a permanecer en casa y que parte de nuestros hábitos y rutinas cambiasen. Es esta fase posiblemente también cambiaron hábitos de alimentación, actividad física y /o ejercicio físico.

Un mayor consumo de bollería tanto industrial como casera, picoteos superfluos acompañado de una menor actividad física al estar encerrados han podido dar como resultado un aumento de peso. Pero ahora que ya huele a verano y que han ido avanzando las fases de desescalada nos sobrevuela la idea de bajar el peso que se ha podido aumentar durante el confinamiento. Pero, ¿qué y cómo hacerlo? ¿a quién acudir?

Reorganizar, introducir y retomar hábitos adecuados de alimentación es fundamental.

Para ello, saber configurar de forma adecuada nuestro plato y optimizar el consumo de verduras y hortalizas, frutas, legumbres, carnes, pescados, huevos y cereales integrales es primordial. Además, tener herramientas que nos permitan poder llevar a nuestro plato estos grupos de alimentos según las circunstancias individuales de cada uno como pueden ser aprender a hacer una compra saludable, poco tiempo para cocinar, gusto por la cocina, pequeño abanico de recetas, nivel de actividad, etc. nos acercarán a disfrutar de una alimentación saludable y que nos permita perder el peso ganado en la etapa de confinamiento.

Aprender a comer de manera saludable y disfrutar de ello en la mayor parte de nuestras comidas mejorando salud y composición corporal es una de las funciones que tenemos los dietistas-nutricionistas. No todo es perder unos kilos sino que perdamos salud a cambio de posiblemente establecer peores relaciones con la comida, mitos alimentarios,  ansiedad, peor estado emocional y sufrir un efecto rebote entre otros.


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